Ya estas demasiado viejo para eso

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Cuando tenía 19 años mi sueño era trabajar para Disney en el EPCOT Center. Hice la solicitud, escribí, según yo, la mejor carta de motivación y prendí muchas veladoras para que me aceptaran. No me aceptaron.

Estuve triste por unos días pero luego se me olvidó. Como la vida es muy chistosa, a los 24 volví a aplicar y me dieron el trabajo. Prometo un día contarles cómo sucedió eso.

A los 24 ya tenía mi título como Ingeniero Industrial, ya había tenido un trabajo real, trabajé para General Motors y mi trabajo fue tan serio y profesional que parte del tiempo estuve en Michigan. Uy, un día les cuento como a los 22 años me sentí en la cima del mundo, manejando mi Pontiac Sunfire por las calles de Detroit y perdiéndome por las noches porque no existían los GPS.

Como pueden leer ya había tenido un “trabajo profesional”, uno de mi carrera, aplicar para un trabajo que no tenía nada que ver con lo que había estudiado no tenía mucho sentido. Eso decía la gente y también pensaba yo.

Obviamente tuve sentimientos encontrados. El trabajo de Disney era mi sueño, pero a mis 24 años me sentí muy vieja para eso, aún así acepté el trabajo y llegué a Orlando.

Me divertí muchísimo, pero siempre escuchaba una voz que me decía: “ya estás muy vieja para esto ¿por qué no mejor te buscas un trabajo normal? Uno de tu profesión”. Trataba de callar la voz con margaritas de limón y de fresa. Esos tiempos fueron tiempos de mucho alcohol y mucha perdición. Imaginen que mi apodo era “Bere intensa”.

Tenía un contrato de un año el cual no cumplí, porque aunque la estaba pasando muy bien, siempre sentí que tenía que ponerme seria y tener un trabajo serio. Tampoco lo cumplí porque me aceptaron para una maestría en Suecia y eso se alineaba más a lo que se suponía debía hacer con mi vida.

Después de unos años descubrí que no estaba vieja para eso, que no tenía porque presionarme por tener un trabajo “normal” y que gracias a la presión que me puse yo misma no pude disfrutar plenamente de uno de mis sueños. Lección aprendida.

Toda esta introducción fue para contarles de mi amiga Motoko. Ella personifica muy bien el “nunca es tarde para seguir tus sueños”

Motoko es una japonesita de 67 años que está estudiando encuadernación en la misma escuela que yo. Con ella hablo sueco apache porque no habla casi nada inglés. Por lo que he podido entender ella trabajaba como bibliotecaria cerca de Tokyo.

Su sueño había sido siempre venir a Suecia, siempre había admirado el país y era fan de Dag Hammarskjöld. En Japón estudiaba sueco y ya había venido a Suecia algunas veces hace unos años.

Aún no sé cómo decidió venir aquí pero según me cuenta, hizo la entrevista con la escuela via skype, la aceptaron, empacó sus cosas, le puso las vacunas a su perro y los dos se vinieron a la aventura.

Admiro mucho a Motoko por seguir sus sueños, por venir a un país muy diferente al suyo. Por trabajar duro para hablar sueco y para poder restaurar libros en el futuro. Por siempre tener una sonrisa aún estando sola y tan lejos de su país y por compartirme su cultura.

Recuerden a Motoko cuando crean que ya están muy viejos para seguir sus sueños y vivir nuevas aventuras.

La foto es de un cuenco que le hice especialmente para su té matcha. Tuve que hacerle mil propuestas porque es de gustos exigentes. Al final le gustó y ya se hizo mi clienta frecuente.

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