Eliminar lo innecesario

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¿Recuerdan que les conté que mis posesiones se reducen a una maleta de 22 kilos? Bueno y a eso ahora tengo que sumarle algunas cosas esenciales que he comprado para sobrevivir el invierno sueco.

No sé cómo pude lograr deshacerme de todas mis pertenencias. A veces creo que cuando vuelva a México mis cosas estarán esperándome en mi departamento en Alfonso Reyes. Y no, ya no existen, ya todo es un recuerdo.

En los últimos 4 años compré como loca. Compré de todo. Ropa, zapatos, cosas para decorar mi depa, artículos de belleza, libros, cámaras, etc. Mi excusa para gastar era que venía de un periodo de austeridad. Desde que me mudé de casa de mis padres había sido muy cuidadosa con mi dinero porque quería viajar y conocer el mundo. Así que casi todo lo que ganaba en mis trabajos lo ahorraba y compraba solamente lo esencial, además no tenía un hogar fijo y tampoco quería tenerlo. En esa época logré vivir en 4 países diferentes (Estados Unidos, Italia, Suecia y China), así que me funcionó vivir frugalmente y además siempre fue muy fácil hacer las mudanzas.

Después de ese periodo sentí que me merecía todo, y aunque nunca he sido compradora compulsiva creo que esta vez se me fue la mano. Además, por alguna razón pensé que viviría en el mismo lugar por mucho tiempo, bueno, para mis estandares 4 años en el mismo lugar es mucho tiempo, así que todos los espacios de mi departamento comenzaron a llenarse. Desde la alacena hasta los closets.

Pero de repente todo cambio. En junio recibí la carta de aceptación de la escuela donde estudio cerámica. No podía creerlo, El vikingo menos, estoy segura que saltó de felicidad al saber que ahora nos tocaba vivir en Suecia.

Recuerdo que vi todas mis cosas y me dio dolor de cabeza, ¿Cómo íbamos a lograr mudarnos? Descartamos la idea de traer las cosas a Suecia por lo caro. Luego pensamos en guardarlas en casa de mis papas, pero ¿por qué iba a robarles espacio?. Entonces decidimos vender, donar y tirar todo, todo. La decisión me costó trabajo pero respire profundo y la tomé.

Al revisar cada cosa para decidir si era posible vender, regalar o tirar me di cuenta que tenía demasiadas cosas innecesarias, repetidas, que nunca usé o sólo usé una vez.

Mi baño y closet estaban llenos de productos de belleza repetidos, a medio usar o que fueron usados una vez. Más de 20 labiales casi del mismo color, y no crean que me maquillo los labios diario, en realidad tal vez los uso como 3 veces al mes. Mismo caso con sombras, maquillaje, mascara de pestaña, perfumes, cremas, etc.

Un montón de ropa que usé una vez o que había dejado de usar en el último año. Zapatos, la misma historia. Tenía un montón y solo usaba tres pares.

Tenía miles de especias y otras cosas en la alacena que ni yo misma me acordaba para que las había comprado. Hasta un kit para hacer queso vegano me encontré.

Y puedo seguir con la lista porque me encontré cosas en mi departamento que además de no saber de su existencia, no pude identificar cuándo las había comprado.

Me deprimí un poquito. ¿Cómo pude haber gastado tanto en cosas innecesarias? ¿Por qué permití llenarme de cosas irrelevantes?

El proceso para deshacerme de todo fue dificil porque tenía muchas cosas que significaban mucho para mi, cosas que me habían hecho muy feliz y que ahora me veía forzada a deshacerme de ellas.

Pero como no había tiempo para resistirme al cambio, empecé a agradecerle a cada una de mis cosas, como recomienda Marie Kondo en su libro, y deseé que fueran felices en sus nuevos hogares. Por ejemplo, sé que la mesa de Tobbe y Lasse, la cual fue hecha exclusivamente para ellos, ahora hace feliz a tres gatos. Extraño a esa mesa, era la más bonita del mundo.

Extraño mis cosas, pero siento que ahora puedo empezar de nuevo. Esta vez sé que necesito menos para ser feliz. Mis finanzas me lo agradecerán y mi espacio. Esta vez sólo hay lugar para lo indispensable y lo que me haga feliz.

Me siento ligera y simple.

Te recomiendo la experiencia aunque tal vez de manera menos drástica. Empieza poco a poco, tal vez con tu bolsa de cosméticos o con tu alacena. Liberate de todo eso que no necesitas y deja espacio para lo importante. Menos cosas a tu alrededor significan menos distracciones, menos cosas que ordenar, menos caos. Sin caos la mente funciona mucho mejor.

Y a la hora de comprar siempre pregúntate si lo necesitas, si es importante y si estas comprando solo por comprar, por aburrimiento, porque sientes que eso te hace feliz o por cualquier otra causa que requiera de tu atención.

Y conste que no estoy en contra de compra, solamente que de ahora en adelante quiero hacerlo de una forma más consciente.

Happiness, true happiness, is an inner quality. It is a state of mind. If your mind is at peace, you are happy. If your mind is at peace, but you have nothing else, you can be happy. If you have everything the world can give – pleasure, possessions, power – but lack peace of mind, you can never be happy —
Dada Vaswani

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